En este texto Althusser rompe con la filosofía clásica alemana, cuyo máximo exponente era Hegel. Retoma el concepto de ideología de Marx del texto La ideología alemana . Y a partir de allí plantea su propio concepto de ideología, basado en la relación con la determinación de la base material en última instancia. Y también postula la acción de los aparatos de Estado, a saber: Aparato ideológico de Estado y Aparato Represivo de Estado.Para este autor, la “ideología es una ‘representación’ de la relación imaginaria de los individuos con sus condiciones reales de existencia”. Hay que tener en cuenta la función importante que opera la ideología dentro de la reproducción social, es decir la reproducción de la fuerza de trabajo y de las relaciones de producción. Según Althusser: “una reproducción de la sumisión (de los trabajadores) a las normas del orden establecido, es decir, una reproducción de la sumisión a la ideología que domina sobre los trabajadores y una reproducción de la capacidad de los agentes de la explotación y represión de manipular correctamente la ideología dominante... es por medio de las formas de la sujeción ideológica como puede preveerse la reproducción de las habilidades de la fuerza de trabajo”. Para el orden hegemónico, es fundamental el operar de la ideología dominante como conservadora de dicho orden y reproductora del mismo. La ideología, por medio del aparato ideológico de estado (escuela, familia, medios de comunicación, centros culturales, etc.), en caso de ser necesario, por medio del aparato represivo de estado, consigue casi plenamente cumplir con su función de reproducción del orden vigente, del status quo.Es evidente, entonces, que nunca puede ser lo económico sólo lo que determine las formas de lo ideológico. No siempre es necesariamente que median las relaciones sociales de producción dentro de una formación ideológica. Y a veces las ideologías no son propias de una clase social. En fin, respecto de las formas ideológicas dominantes que operan en el marco de la hegemonía, deben tenerse en cuenta muchos factores si se pretende analizar sus determinantes. Lo mismo va para aquellas formas ideológicas no dominantes dentro de la sociedad. A lo que pretendo llegar es a una visión de la ideología como un campo multidimensional y multideterminado.En esto también influye la retroalimentación o cooperación que pueda darse dentro de los aparatos ideológicos y represivos de Estado, que son quienes configuran y hacen efectiva, materializan y reproducen socialmente la ideología dominante.
jueves, 14 de abril de 2011
El fin de la Historia
La polémica sobre el fin de la historia tiene como punto de partida la publicación por el politólogo Francis Fukuyama (Chicago, 1952) de un artículo bajo ese título, con interrogante, en la revista The National Interest, en el verano de 1989, seguido poco después en el libro El fin de la historia y el último hombre (1992). En vísperas del hundimiento del bloque comunista, Fukuyama pronostica el triunfo definitivo del liberalismo económico y político, una vez derrotados sucesivamente los totalitarismos fascistas y comunistas. En la estela de Hegel, la propuesta significa que una historia de dos siglos de enfrentamientos ha terminado y que una vez superados definitivamente el liberalismo sólo tropezará en lo sucesivo con enemigos menores, de origen nacionalista o religioso. El mundo desarrollado, al haber sido eliminadas las contiendas del pasado, será en consecuencia poshistórico, quedando la historia como rémora para aquellos países que siguen apresados en conflictos ideológicos, nacionales o religiosos. El conflicto principal puede surgir de la posible divergencia entre la evolución positiva de los sistemas sociales y políticos, con un punto de llegada bien preciso -"la democracia liberal constituye la mejor solución al problema humano"- y la evolución del pensamiento de la modernidad, cargado de confusión respecto de ese proceso. La insatisfacción no surgirá, piensa, del fracaso en alcanzar el bienestar, sino precisamente entre quienes lo han logrado. La tensión interna en las democracias liberales no procederá de la isothymia, el deseo a un reconocimiento igualitario, sino de la megalothymia, la ambición de destacar realzando el propio valor.
El error de la utopía liberal de Fukuyama consistió ante todo en suponer que esos dos mundos, el de la libertad y el de la historia, seguirán vías alejadas entre sí, con un escaso grado de interacción. Mientras en los años sesenta el economista W. Rostow describía la desigualdad apreciable en los procesos de modernización al modo de los aviones que realizan sucesivamente el despegue (take off) de una pista, Fukuyama adopta un enfoque más pesimista: unas carretas alcanzarán su destino, otras lo harán más tarde, otras pocas en fin no llegarán. Menosprecia la posibilidad de que los rezagados, envueltos en la miseria, conscientes de sufrir una creciente desigualdad, multipliquen los estallidos de protesta o planteen alternativas al feliz dominio de las democracias poshistóricas, y sobre todo la perspectiva de que la religión sirva, no sólo para suscitar conflictos locales, sino para apoyarse en el subdesarrollo y enfrentarse mediante el terror a escala mundial con la orientación. El sistema bipolar vigente en la última fase de "la historia" tenía un efecto estabilizador de todo conflicto por debajo del principal que enfrentaba a las potencias occidentales como el mundo comunista. Una vez desaparecido, la pretensión americana de implantar un "nuevo orden internacional" entró rápidamente en quiebra. La enorme superioridad tecnológica de la potencia que encarna, en sí y para sí, el triunfo de la democracia liberal, no sólo ha sido incapaz de controlar ambos tipos de alternativas, sino que con su imperialismo cargado de buena conciencia tras el 11-S ha contribuido a incrementar la inseguridad a escala mundial. Comienza otra historia y es significativo que el blanco de las críticas de Fukuyama sea hoy el pensamiento neoconservador de su país.
Antonio Elorza
Extraído de:
Antonio Elorza es catedrático de Historia del Pensamiento Político en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid y autor de libros como Umma: el integrismo en el islam (Alianza) o Arcaísmo y modernidad. Pensamiento político en España, siglos XIX y XX (Alba).
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